Fuente de la noticia: “En castellano, Cristo es muy frío, habla sin ternura, pierde su poesía”
Vicente Haya. Profesor de japonés de la US
Su fascinación por las culturas orientales ha llevado a este sevillano a ser un consumado niponólogo, especialista en haikus, y un profundo conocedor del arameo, la lengua que habló Jesús de Nazaret.
EL RASTRO DE LA FAMA, por Luis Sánchez-Moliní
–Usted es especialista en haikus.
–Federico García Lorca definió al haiku como unas pequeñas poesías japonesas deliciosamente incomprensibles. En esos seis meses de Kioto conocí a una chica con la que hacía intercambio español-japonés. Ella me recitó un haiku de Buson:
Empapándose de lluvia de primavera
en un tejado
una pelota de mano.
Yo le dije: “curioso”, y me contestó: “no es curioso, es emocionante”. Fue la primera vez que escuché la palabra aware. A mi regreso a España decidí hacer mi tesis en filosofía pura sobre la expresión de lo sagrado en el haiku japonés.
–¿En la Universidad de Sevilla?
–Sí. El único que se atrevió a dirigirla fue Jacinto Choza. A veces vemos las cosas, pero no la luz que nos permite ver las cosas. El haiku es esa luz que nos permite ver lo sagrado.
–Otra persona importante para usted fue Fernando Rodríguez-Izquierdo.
–Cuando regresé a España busqué libros sobre haikus. Rodríguez-Izquierdo había hecho el libro por excelencia: El haiku japonés. Historia y traducción, editado por Hiperión. Este estudio y antología sigue siendo el mejor para iniciarse en el haiku.
–Desde hace unos años muchos poetas españoles escriben haikus. ¿Tienen calidad?
–La calidad es bastante buena. Un gran especialista japonés me dijo: “tan solo en Taiwán y en España veo que se ha comprendido el haiku”. La estela de Nagakawa y Rodríguez-Izquierdo es muy amplia. Actualmente está Mercedes Pérez, una persona que si la traduces al japonés es indistinguible de poetas como Buson... Tiene finura.
–Alguna vez ha criticado con dureza los haikus que escribió Benedetti.
–Es que no son haikus. En cierta ocasión le leí a unos amigos japoneses uno de los poemas de Benedetti:
"Cuando me entierren / por favor no se olviden / de mi bolígrafo".
Ya estábamos todos entonados y se hizo un gran silencio. Yo dije que me parecía malísimo y uno de ellos se levantó y exclamó: “No es malísimo, es una afrenta nacional”.




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