Hoy celebramos el cumpleaños de Frutos Soriano Fernández, una de las voces más luminosas del haiku actual. Su escritura, siempre honesta, siempre limpia, nos recuerda que lo íntimo puede convertirse en senda compartida, y que la palabra, cuando nace desde la verdad, acompaña, sostiene y transforma.
Como muestra, ofrecemos un texto de su último libro: Mi padre me visita en sueños.
La audición de este micro ha despertado en mí, muy vivamente, esa parte viajera que ha brotado a veces en mi vida. No me refiero a la de turista sino a la de caminante, algo parecido a lo que siento cuando hago el Camino de Santiago. Y algo parecidísimo a lo que se dice y se sugiere en este texto.
Viajar como lo hacía Santôka (o como yo imagino que lo hacía Santôka). Sin objetivo. Sólo andar por andar, atento a lo que surja. Olvidándose de uno mismo. Esa es una de mis vocaciones, que cumplo mucho menos de lo que quisiera.
En el agua hay un reflejo…
Es alguien que va de viaje.
Caminar así te centra, te aleja los pensamientos obsesivos, te abre a lo imprevisto.
Dormía cubierto de rocío…
Qué cercana esta forma de viajar al sentarse en zazen.
Recuerdo las palabras que me dijo la maestra zen Magdalena Gascón cuando fui al Zendo Betania, en Brihuega, a dar una charla sobre haiku:
Qué descanso, qué maravilla el olvidarse de uno mismo de vez en cuando.
Eso está siendo mi vida: un balanceo entre la pesantez de una mente hiperactiva y la liberación de caminar libremente o de sentarme en el banquito de meditación todas las mañanas a centrarme en mi respiración.



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