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domingo, 24 de febrero de 2019

Unas consideraciones sobre la danza tao

 

La danza TAO aúna la danza contemporánea y la expresión corporal, conectándose con la naturaleza a través del movimiento del cuerpo, la respiración y la plena consciencia. El haiku es la expresión de la sensación percibida a través de la piel, la vista, el oído, el olfato … la expresión de lo sagrado.



En este recital se aúnan haiku, danza tao y música. El danzante, Jose Julio Ruiz Lozano, permanece en un estado de concentración que le permite manifestar, a través del movimiento, la fuerza de lo expresado en el haiku.



La música del xilófono, interpretada por Antonio Martínez, marca el equilibrio perfecto entre palabra y silencio. Los cuatro elementos que dan unidad al libro “El humo de las ofrendas” permiten el fluir de la vida a través de la naturaleza y lo sagrado.


Una voz en off va marcando la transición entre los elementos. Estos son los que marcan el ritmo del libro, que en el recital se perciben con variaciones de luz: aire, agua, tierra y fuego se suceden para crear una atmósfera distinta que el intérprete de la danza tao refleja en sus movimientos. La voz de Alberto Yagüe prepara el estado de ánimo y permite que la energía fluya. 
 


Los haikus recitados en la voz de Llanos Guillén y Jose Ángel Cebrián, leídos dos veces como es tradición en el haiku, son escuchados por el danzante tao que es a la vez el objeto de meditación de estos haikus: a través de sus movimientos refleja las sensaciones percibidas.  
 


Danza Tao: Jose Julio Ruiz Lozano
Xilofonista: Antonio Martínez Rubio
Recitan: Jose Ángel Cebrián y Llanos Guillén
Escenografía y texto: Alberto Yagüe
Presentación: Toñi Sánchez

El humo de las ofrendas. Félix Arce, Manuel Díez Orzas, Mercedes Pérez y Elías Rovira. Prólogo de Frutos Soriano. Portada de Susana Benet. Haibooks. Editorial Uno. Albacete 2018



Todas las fotos que aparecen en este reportaje son de Juan Lorenzo Collado



1 comentario:

  1. Hay que verlo. Por mucho que se explique, estupendamente hecho aquí por cierto, hay que verlo.
    Solo así puede uno acceder a esa magia. No basta imaginar o suponer. Hay que estar, sentir, danzar, meditar... Porque ese aire envuelve, llega el fuego al fuego del espíritu y lo revive, yace en la tierra para germinar y volver al aire que ya se hace agua de nuevo, repartiendo vida.

    José Julio es un artista que transmite increíblemente. Y la puesta en escena eficazmente maravillosa justo al servicio de esa magia.

    Verlo... Hay verlo con todo el cuerpo...

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