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Significado de los prunos en flor y el hanami



Significado de los prunos en flor y el hanami 


Tradicionalmente, la cultura japonesa ha cargado de significado a las diferentes flores, y muy especialmente a las de los prunos, un tipo de árbol (rosácea) del que se conocen más de cien variedades diferentes.  


   Así por ejemplo, la flor del melocotonero (duraznero) por su duración y fuerza, es conocida como la flor de la longevidad o la inmortalidad (Momotarô, el héroe clásico de los cuentos infantiles de Japón, que sobrevivió a la lucha contra las más feroces fieras y demonios, nació de un gran melocotón).  


   Sobre la flor del albaricoque, no se conoce significado de larga tradición. Célebre por su precocidad y por sus cambios de color (a veces pasa por el blanco, el rosa pálido, el naranja y hasta el rojo intenso) ha hecho que en la actualidad haya quienes la identifiquen con la infidelidad, quizá en una lectura bastante “occidentalizada”. 


El almendro, cuya floración es muy temprana, es el signo del renacimiento de la naturaleza y de una vigilancia atenta a los primeros signos de la primavera. Es igualmente el símbolo de la fragilidad, pues sus flores, las primeras que se abren, son las más sensibles a las últimas escarchas.


   Las flores del endrino, tradicionalmente se han asociado a la salud y al perfecto equilibrio con la naturaleza. Fueron de las primeras en ser ingeridas en tisanas para aliviar diversos problemas. 


   La flor del ciruelo, es de muy larga y calada tradición, ancla sus orígenes en la influencia China. Florece antes que todos los otros árboles, frecuentemente cuando aún hay nieve. Por ello representa la belleza de espíritu, la perseverancia, la preparación, la nobleza y el valor. Suele asociarse al Sintoísmo. El Hanami (literalmente “contemplación de árboles en flor”) comenzó en el Periodo Nara (710-794) con el Hanami del Ume (los Ciruelos), si bien desde el Período Heian (794-1185) se viene popularmente celebrando el Hanami de los Sakura (los cerezos), que quedaría oficialmente reconocido en el Periodo Edo (1603-1868) en lo que se considera toda una transición de la influencia china a la propia identidad japonesa. 



   Está muy extendido que los compañeros de trabajo, familiares o amigos celebren fiestas hanami para admirar las flores del cerezo, comer, beber y divertirse. Hay “trenes de las flores” que se fletan expresamente para asistir a hermosos lugares poblados de cerezos. Bien de mañana, un enviado del grupo acude a reservar el mejor sitio posible, dejando un mantel, esterilla o lona llamada gozá que suele ser azul (azul el cielo, azul el suelo, se destaca así la belleza de los árboles en flor). La llegada de las flores de cerezo constata que llegó la primavera, y en consecuencia todo nace de nuevo. Al tiempo, se es consciente de que esa hermosa palidez de las flores durará unos escasos días, apenas una semana, evidenciando el sutil equilibrio y lo provisional que es la vida. Todo está cargado con un gran mono no aware (el patetismo de las cosas).  




   Las fiestas hanami son ocasión para certámenes poéticos, haiku y otras artes: marciales, de caligrafía, etc. Cuando surgieron los samuráis, la flor pasó a ser el símbolo del Bushido (el camino del guerrero). El samurái debía caer como lo hace la flor del cerezo, en pleno esplendor. Sus pétalos van cayendo vertical y rápidamente, sin revolotear en el aire, lo que se interpreta como un acto de dignidad, valentía y una ausencia de temor a la muerte. 


En Albacete (La Mancha, España), con la AGHA, se comenzó a celebrar en 2011 el Hanami Albaceteño, que incluye no sólo la admiración de los cerezos en flor, sino también en otras ocasiones, otras muchas variedades de plantas, árboles y animales, además de suponer un entrañable encuentro de amantes del haiku y la naturaleza. 


Texto: Elías Rovira
Fotos: Victoria López

(Fotografías del cerezo en flor, prunus serrulata, del Jardín Botánico de Castilla la Mancha)

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